Se buscan espacios de innovación colectiva entre la universidad y el sector privado

Se buscan espacios de innovación colectiva entre la universidad y el sector privado

Es necesario un nuevo contrato social de educación orientado hacia la prosperidad

De una estrecha integración entre universidad, sector productivo y sociedad civil depende el futuro de la educación superior.

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“El futuro de la educación superior requiere una estrecha integración entre la universidad, el sector productivo y la sociedad civil, y obliga a tomar en cuenta el surgimiento de nuevas economías y urgencias, particularmente después de la pandemia por Covid-19”.

  • La competencia agresiva para las universidades con actores no comunes (como los bootcamps y Coursera) hace que la tecnología esté democratizando el conocimiento.
  • Universidades forman a individuos para profesiones que probablemente no existen todavía.
  • La tecnología y la inteligencia artificial plantean oportunidades para llevar procesos de aprendizaje de una manera estimulante y cerrar brechas geográficas.
  • Sin liderazgo y con docentes enseñando mediante el patrón anterior de manera unidimensional, no se producirán los grandes cambios.

“La cuarta revolución nos va a permitir acceder a nuevas maneras de aprender, lo que se traduce en una ventaja para cerrar brechas económicas y sociales, siempre y cuando haya conectividad y equipos”.

Contexto en Venezuela

Deben abrirse espacios para pensar en un modelo propio innovador que rescate las mejores prácticas del mundo y que permita crear confianza mediante el acercamiento genuino entre la universidad y el sector privado con una agenda común.

Una mirada constante a quien lo está haciendo mejor, para inspirarse y mejorar (benchmarking). Incluir lo que están haciendo los vecinos, por ejemplo, casos de innovación en América Latina y el Caribe.

Ruta país: universidades con las condiciones apropiadas para generar innovación.

Cabe preguntarse

  • ¿Qué experiencias ilustran el aprendizaje colaborativo y cómo se instrumenta en una institución o en un país?
  • Tomando en cuenta de los cambios tecnológicos exponenciales y el papel de la digitalización, ¿deben formarse algunas competencias en particular? ¿dónde quedan las competencias blandas?
  • ¿Cuáles son las tres principales creencias o acervo cultural que deben cambiar para que los esquemas colaborativos puedan operar con mayor efectividad?
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Angélica Natera

Especialista en el diseño, desarrollo y gestión de programas educativos y particularmente de inclusión de mayorías en América Latina, ha desarrollado una amplia experiencia y una profunda comprensión de las tendencias e innovaciones globales en la educación superior.

Obtuvo la licenciatura en ciencias administrativas y gerenciales en la Universidad Tecnológica del Centro (UNITEC), la especialidad en psicología cognitivo-conductual en la Universidad Simón Bolívar (USB) y el Certificado de Posgrado en Administración en la Harvard University

Reconocida por su liderazgo como mujer latina por el Committee on the Concerns of Women en la Harvard University 2019. En 2010 recibió el Harvard University Administrative Fellowship Award.

Directora ejecutiva de la organización sin fines de lucro Laspau Inc., afiliada a la Universidad de Harvard, que promueve sociedades inclusivas basadas en conocimiento y el desarrollo de catedráticos de las universidades de América Latina.

Casi la mitad del mundo está desconectada digitalmente

Casi la mitad del mundo está desconectada digitalmente

Un proceso de transformación digital debe ser inclusivo, ético y sostenible. La tecnología por si sola no determina el futuro digital. Formas del uso no ético de la tecnología: violación de los derechos humanos y daños a la sociedad y sus instituciones.

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El proceso de transformación digital está asociado a un menor impacto ambiental en tres requerimientos fundamentales:

  1. La inclusión para construir una economía digital. “Casi la mitad del mundo permanece desconectada de internet”. La economía digital se concentra en dos grandes países, en Estados Unidos un 68% y en China un 22%. Mientras tanto, las naciones de América Latina y África tienen una mínima parte de las transacciones digitales del mundo.
  2. El uso no ético de la tecnología. Existen aplicaciones discriminatorias, desinformación e información engañosa, violaciones a la privacidad, suplantación de identidad, persecución social y control socio-político, entre otras formas del uso no ético de la tecnología.
  3. La sostenibilidad de la transformación digital. Son cuatro los elementos de respeto y responsabilidad con el planeta que deben ser tomados en cuenta: infraestructura, capital humano, políticas y regulaciones habilitadoras y acceso a servicios financieros.

Contexto en Venezuela

El sector privado debe mantener acciones de seguimiento al desarrollo y aplicación de la tecnología y a los modelos de negocio que surgen para aprovechar la transformación digital.

Los sectores privado y público deben coordinar el avance en temas de economía digital, considerando un mínimo de regulaciones que permitan el uso seguro, adecuado y transparente de la tecnología.

Cabe preguntarse

  • ¿Las plataformas colaborativas habrán de entenderse como un requisito indispensable para la educación en el futuro?
  • En Venezuela hay empresas que están invirtiendo en sus procesos de transformación digital. Más allá de sus procesos particulares que les permitirán ganar productividad, ¿cuánto se beneficiarían del avance de pequeñas y medianas empresas en ese proceso de cambio?
  • ¿Cuáles son los desafios más importantes que deben asumir los gremios para coadyuvar en el proceso de transformación digital?
  • Las empresas tendrán que asumir nuevos roles en la formación de sus empleados ¿Cómo pueden prepararse para eso?
  • Para que los procesos de transformación digital en PYMES puedan ir más allá de los sistemas de medios de pago y efectivamente prosperen en sus plataformas colaborativas, ¿cuáles cambios culturales deben producirse?
Laura Rojas
Laura Rojas

Economista egresada de la Universidad Católica Andrés Bello con posgrado de Administración Pública en la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard. Trabajó en la Organización Mundial del Comercio y en el Banco Interamericano de Desarrollo. Fue viceministra de Comercio e Industria y vicepresidente del Instituto de Comercio Exterior en Venezuela.

Experiencia en América Latina y el Caribe en posiciones de liderazgo, negociadora comercial, asesora empresarial. Especializada en comercio y negociaciones internacionales, en innovación, economía digital y aspectos regulatorios.